‘Mute’, o qué le está haciendo Netflix a la ciencia ficción

'Mute', una estimulante compañera para 'Moon' que brilla cuando apuesta por lo emocional

Nueve años después de Moon y tras el traspiés de Warcraft, 2018 parecía ser el año en que Duncan Jones se redimiría volviendo a probar con el cine de autor, afianando finalmente su carrera como cineasta. El estreno de Mute, tan publicitado, así nos lo prometía. Por desgracia, esto no ocurrió.

Estrenada en Netflix el pasado 23 de febrero, Mute es una “continuación espiritual de Moon“. No comparten personajes ni parecen ir en una línea temporal consecuente, pero ciertos guiños a lo largo del filme nos dan a entender que ambas películas comparten el mismo universo.

Antes de centrarnos en analizar sus múltiples fallas, aquí va una pequeña sinopsis extendida:

Mute gira en torno a Leo (Alexander Skarsgard), un barman mudo en una Berlín futurista. Es mudo en parte por accidente y en parte por elección: fue lesionado en la garganta cuando niño, y aunque su voz pudo haberse salvado con una operación, las creencias amish de su madre evitaron que esto ocurriera. Estas mismas creencias son las que lo llevan a vivir ahora, ya adulto, completamente aislado de la tecnología y el mundo que lo rodea.

La vida de Leo es la de un perdedor sin pena ni gloria, con un empleo promedio en una zona decadente de una ciudad de neón, salvo por una cosa: él tiene un amor. La mujer en cuestión se llama Naadirah (Syneb Saleh). Ella se nos presenta en un primer acto de un modo dubitativo pero capaz de intrigarnos, y luego desaparece misteriosamente. La misión de Leo, entonces, será encontrarla.

Todas las pistas llevarán a Leo hasta dos médicos disidentes del ejército estadounidense: Cactus, interpretado por un Paul Rudd con bigote de veterano de Vietnam, y Duck, un Justin Theroux con peluquín amarillo y gafas de montura ancha. Son dos caricaturas, y ese es su papel en el filme, salvo por el hecho de que Cactus tiene una hija y espera obtener visados para poder regresar junto con ella a Estados Unidos.

Servido el argumento, comencemos a ver qué fue lo que salió mal.

Debo admitir que, en el papel, Mute suena como una película intrigante y prometedora. Tienes a un héroe fuera de lo común, con un propósito más que válido para lanzarse a una odisea, y a dos antagonistas que hasta cierto punto resultan carismáticos. Todo esto ambientado en una distopía futurista. ¿Qué podría salir mal? Respuesta corta: todo, porque nada de eso se ha aprovechado ni se ha sabido conjugar.

Empecemos por la parte futurista. Mute cumple con una tendencia actual en que todo futuro es idéntico a Blade Runner. Ya lo vimos en la serie de Altered Carbon, que te podrá gustar o no, pero al menos es una copia más o menos fiel a los edificios de neón de la película de Ridley Scott, que se presentan como bloques indiferentes a los humanos que caminan en torno a sus pies.

Esos escenarios, que se han recreado bastante bien en Mute, acaban por ser desaprovechados, pues la tecnología es relegada de la trama a un punto tan drástico en que cabria preguntar para qué se ambientó la película en el futuro en primer lugar, si estos elementos no iban a tener un impacto real.

Dejando de lado los edificios, las pantallas y los autos voladores, centrémonos en los personajes que habitan este mundo.

Se supone que el hilo conductor de la película es la desaparición de Naadirah y la posterior búsqueda de Leo. A partir de ahí, los personajes deberían converger en una sola historia. Pasas la película analizando las pistas, viendo los posibles vericuetos por donde las dos tramas se unirán, y al final acabas descubriendo que no hay tal unión. Las de Leo y Cactus son dos historias casi por completo distintas que acaban chocando sin amoldarse.

A Leo lo vemos durante toda la película en plan detective. En silencio y con paciencia metódica, se mete en una búsqueda que lo lleva a conocer lugares y seres decadentes. Prostíbulos y proxenetas, fetichistas y matones, hostales y tugurios de arrabal. Todos estos elementos llevan a Leo de un punto a otro de la historia, siguiendo la pista de su amor, pero ninguno de ellos termina de calzar.

Paralelo a esto, conocemos la historia de Cactus y Duck, donde los elementos no son menos puestos por azar. Aquí también hay burdeles y prostitutas, pero también hay matones rusos, una clínica clandestina, interacción con pacientes más o menos normales, salas de bolos. En ocasiones su historia se detiene a analizar cosas extrañas como -spoiler- una presunta tendencia de Duck a la pedofilia, que luego pasa por debajo de la mesa a la primera de cambio.

Sumando estas dos historias, y viendo lo poco que se aportan entre sí, uno no puede dejar de ver que sobra mucho en las dos horas y tanto de esta película: ¿qué importancia tienen los matones y las prostitutas? ¿Por qué incluir a un personaje mudo como Leo, si su mutismo no parece ser determinante nunca? ¿De qué sirve a la historia que Leo sepa dibujar tan jodidamente bien? ¿Por qué desertaron al ejército Cactus y Duck en primer lugar? ¿Qué le aporta al filme que Leo sea amish, si esto solo se refleja en que no usa smartphone? Y, ya puestos en esto, ¿por qué esas escenas de acción y persecución, y ese combate final que ni emocionan, ni aportan ni cierran en nada? Podríamos hacer más preguntas, pero no queremos spoilear demasiado.

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Nos hacemos estas preguntas, y solo cabe una respuesta: todo esto pasa en el filme única y exclusivamente porque a Duncan Jones le interesa que pase. Le interesa meter elementos atractivos en una película que carece de un guión fuerte, porque necesita tener algo que vender a los fanáticos del género. No es una película sci-fi propiamente, ni una apuesta cyberpunk, sino una revisión del género thriller que sale mal. Y, a propósito de esto, ¿qué está pasando realmente con la ciencia ficción en nuestros días?

Es triste ver ejemplos como este, o ver la mala crítica de Altered Carbon -aunque admito que, en lo general, me satisfizo-, y pensar que quizá el sci-fi no está siendo tomado en serio. ¿Para qué Netflix apuesta por historias que se revisten de sci-fi pero carecen de un guión sólido que las haga crecer? Mi opinión es que todo esto no deja de ser una pantalla, un truco de mercadeo.

Netflix necesita seguir apostando al sci-fi para complacer a un público que aún siente nostalgia por grandes clásicos del género como Blade RunnerBrazilGhost in the Shell. Por eso cada tanto reviste a sus producciones con el maquillaje de estos clásicos. Es una estrategia que funcionó muy bien con Stranger Things, pero cuando vemos algo como Mute o nos fijamos en la publicidad desproporcionada de The Cloverfield Paradox, podemos ver que esta compañía no parece tener demasiado interés en innovar o siquiera hacer las cosas bien en esta materia. Puede que exageremos, pero es la sensación que nos ha dejado este filme.

Seguiremos esperando por ver más y mejores proyectos de ciencia ficción en Netflix,. Se acerca el estreno de Anihilation, y esperamos que traiga vientos de cambio.

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