‘Watchmen’: el cómic con que Alan Moore cambió la historia del género

Acaso muy a su pesar, Alan Moore es considerado el mayor guionista de la historia de los cómics.

A lo largo de una carrera que abarca cuatro décadas, este genio inglés ha ayudado a crear algunas de las mejores historias del género, como Batman: The Killing JokeV for VendettaFrom Hell; historias que, con el correr de los años, él mismo acabaría criticando, despreciando su contenido o atacando sus adaptaciones cinematográficas, en una constante batalla con sí mismo y con la industria que él ayudó a encumbrar (pocos usaban el término “novela gráfica”, antes de que salieran sus historias).

A finales del año pasado, Moore anunció su retiro del género, que vendrá luego de terminar algunos compromisos laborales que aún le quedan.

Mientras ese día llega (esperemos que no sea pronto), bien vale la pena asomarse a la que es considerada la mejor de sus historias: la mítica Watchmen

Watchmen (1986-1987)

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Puede que el grupo de los Vigilantes no sean los héroes más conocidos de los cómics en la cultura popular -ese puesto le vendría mejor a los Avengers o a la Justice League-, pero su historia bien puede ser la historia de superhéroes más increíble jamás escrita.

Publicado en DC mediante una edición limitada de 12 tomos, entre 1986 y 1987, Watchmen es producto de un guión de Moore, ilustrado por Dave Gibbons y entintado por John Higgins.

Perteneciente a la “etapa americana” de Moore, Watchmen es un retrato de la sociedad estadounidense del período de la Guerra Fría. Temas como la Guerra de Vietnam, la Operación Cóndor, la Crisis de los Misiles en Cuba y la decadencia económica y moral de sectores de Nueva York y de Estados Unidos en general, son tratados a través de las historias decadentes de sus héroes.

El argumento nos ubica en una realidad en que los héroes enmascarados han sido prohibidos por una ley conocida como la Ley Keene, y muchos de ellos deben vivir en las sombras. Seis de ellos, identificados como los Vigilantes (Watchmen), trabajaban en grupo y ahora viven dispersos llevando vidas anónimas. No obstante, el misterioso asesinato de uno de ellos, conocido como The Comedian, sumado a la proximidad de una Guerra Nuclear entre las potencias, los hará querer dejar su anonimato y embarcarse en una nueva lucha por salvar a la humanidad que los desprecia y proscribe.

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La mayoría de los héroes en la historia del cómic tienen relaciones conflictivas con el bien y el mal: mientras que para algunos, como Spider-Man, esto se resuelve más o menos fácilmente a fuerza de voluntad y determinación, los héroes de Watchmen son mucho más complicados.

The Comedian, por ejemplo, se podría definir de un plumazo como un misógino y violento, que mata para el Gobierno, pero lo hace con placer. Pero es mucho más que eso. Ciertos momentos de fragilidad alrededor de su personalidad, nos dejan ver que Edward Blake es un hombre al que la sociedad ha agotado, la violencia que ha experimentado (análoga a la que vivieron los soldados de Vietnam), ha transformado su visión del mundo, cegándolo a la bondad y a la esperanza.

Algo similar se podría decir del Dr. Manhattan: el poderosos semidiós, que obtuvo sus poderes tras un experimento nuclear fallido (su nombre real es Dr. Jon Osterman), es un hijo de la sociedad del átomo que ha sido insensibilizado ante la condición humana por su gran poder y sabiduría. Aunque sus fuerzas sirven para el “bien” (un concepto difícil dentro del cómic), su capacidad de ver el tiempo de manera circular y sus innumerables poderes, lo hacen sentir aislado en sí mismo.

Más complicado que Dr. Manhattan o The Comedian es Rorschach, el héroe que no renuncia a su máscara, que es muestra de cómo ve el mundo en blanco y negro. Su nombre real es Walter Joseph Kovacs, y es el mejor símbolo de las esperanzas y fracasos de la gran urbe que es la ciudad de Nueva York.

Rorscharch era hijo de una prostituta. Pasó su juventud en un barrio pobre, estuvo en la cárcel y tuvo trabajos mediocres, que lo desilusionaban tanto como la apatía moral que veía en sus conciudadanos. Producto de estas experiencias, su perfil de héroe es uno de los más complejos, pues su código moral le permite cometer actos violentos, con tal de preservar el “bienestar” de la sociedad que ama y odia por igual. Es el único de los Vigilantes que sigue activo después de la Ley Keene, aunque lo hace de forma clandestina. El cómic inicia con un monólogo mental suyo bastante demoledor, que forma parte de las anotaciones de su diario:

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Los demás personajes principales, como Nite Owl, Ozymandias o Silk Spectre, tienen pasados personales menos oscuros, pero esto no los hace menos complejos.

Unos párrafos atrás dije que la historia de Watchmen bien podía ser la mejor de la historia del cómic; y, aunque las razones que se podrían dar son muchas, es justo explicar por qué.

Una de las razones de esto es que con Watchmen Alan Moore no solo creó una historia original e increíble, sino que replanteó los fundamentos del género. La historia de este cómic va más allá de la típica lucha entre el bien y mal de la mayoría de los héroes, sino que cuestiona lo que es el bien, lo que es el mal y cómo estos conceptos pueden ser maleables dentro de una sociedad que se rehúsa a salvarse, introduciendo un nuevo debate en el género que muchos otros cómics intentarían seguir.

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Otra razón importante es la técnica novedosa que usa el cómic para narrar sus hechos. Es uno de los pocos cómics que carece de burbujas de pensamiento, dejando que la interpretación de los pensamientos y cuestionamientos de sus personajes sea inferida a través de sus acciones y opiniones. Algunas excepciones son los fragmentos del diario de Rorschach o flashbacks que nos dejan ver detalles importantes, pero, en general, el cómic logra intrigar, sin ser hermético.

Otro factor de la narrativa de Watchmen, es que cuenta con una estructura no lineal, con saltos en el tiempo y el espacio en la narración. En el inicio, por ejemplo, la acción pasa del diario de Rorschach a reconstruir el asesinato de The Comedian, sin apenas anunciarlo.

Un aspecto muy llamativo, además, es el hecho de que la historia tenga un cómic dentro de otro cómic, con los Relatos del Navío Negro, algo bastante inédito en el género, y que sumado a todo lo anterior, hace que bien podamos decir que Watchmen emplea técnicas narrativas nada inferiores a las de la novela estadounidense del siglo XX.

Hay muchas más cosas que se podrían decir de este cómic: por ejemplo, que ha sido el único que ha ganado el Premio Hugo (otorgado a novelas y obras de ciencia ficción); o, por ejemplo, que su adaptación al cine, hecha en 2009 por Zack Snyder, obligó a los críticos a decir que, a pesar de ser tan fiel, era insuficiente para la calidad de la historia original (Alan Moore, por supuesto, la odió, como odia todas las adaptaciones de su obra).

Pero acaso el último y mejor argumento que podemos dar a favor de Watchmen es el hecho de que su influencia, lejos de decaer, ha crecido con el paso de los años, influyendo géneros, generaciones e ideologías, y que al leerlo acabamos siendo un poco menos conformistas, y un poco menos ignorantes de nuestra condición en el mundo.

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