Hayao Miyazaki: el animador del arte y la paz

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Hayao Miyazaki, el genio artístico detrás de los clásicos del Studio Ghibli, es a la vez un artista y un pacifista, y en esas dos constantes se puede medir la mayor parte de su ora.

Nacido en 1942 en Tokio, Japón, Miyazaki se crió en el seno de una familia altamente involucrada con la Segunda Guerra Mundial.

Su padre era Katsuji Miyazaki, empresario encargado de Miyazaki Airplane, una empresa especialida en la construcción de partes de aviones durante la guerra.

Gracias al trabajo de su padre, Miyazaki tuvo la buena y mala suerte a la vez de no sufrir en carne propia las penurias del Japón de aquellos años, pero sí seguir muy de cerca los acontecimientos bélicos, moviéndose a zonas rurales, a una edad en que todos los niños empiezan a formar sus primeros recuerdos.

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Gracias a la posición económica afortunada con que contaba su familia, Miyzaki pasó los años posteriores a la guerra de una manera relativamente tranquila. Su atención por aquella época estaba centrada en la literatura y el manga japonés, principalmente en las historias de Osamu Tezuka (creador de Astro Boy) o Soji Yamakawa. Él mismo llegó a afirmar que sus primeras creaciones estaban inspiradas sobremanera por la obra de Tezuka.

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La única tragedia que experimentó durante esos años, fue cuando su madre cayó enferma de tuberculosis espinal, enfermedad  que la acosaría hasta su muerte en 1980.

Con todo el joven Miyazaki continuó dibujando, y cuando superó los años del bachillerato, decidió estudiar Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de Gakushuin, como un colchón de seguridad con que pudiera ayudar en los negocios de su familia; no obstante, sus primeros trabajos fueron, decididamente, en la floreciente industria de la animación.

En 1960, Miyazaki empieza su trabajo en Toei, como intercalador, dibujando los fragmentos de las secuencias animadas. Fue a través de ahí donde Miyazaki conoció a Isao Takahata, quien sería su amigo de años y socio posteriormente en el Studio Ghibli.

A medida que fue ascendiendo, Miyazaki colaboró en animes más complejos de la época, como Heidi, Marco y Ana de las Tejas Verdes, para Zuiyô Enterprise, hasta que en 1978 dirigió su primera película: Lupin III: El Castillo de Cagliostro.

Pese a la buena acogida que tuvieron todos los primeros proyectos, se puede decir que hay un antes y un después en su creación: la aparición del manga y posterior película Kaze no Tani no Naushika Nausicaä del Valle del Viento.

Nausicaä del Valle del Viento inició como anime en 1982. Su historia se centraba en la princesa Nausicaä, habitante de un reino mitológico en un futuro donde la contaminación ha transformado la naturaleza en restos extraños de lo que solía ser. La historia fue llevada al cine en 1984, y fue una ruptura con el anime y el manga infantil tradicional, por su amplitud de temas y madurez, y marcaría la tónica pacifista, ambientalista y profundamente sensible de sus películas e historias posteriores. Se la puede considerar la película que dio forma a Ghibli.

El Studio Ghibli fue fundando por Miyazaki en sociedad con Takahata el 15 de junio de 1985, después del éxito de Nausikaä.

Fue en Ghibli donde Miyazaki contó con la libertad creativa y el enfoque empresarial adecuado para poder dar rienda suelta a su imaginación y a los temas que le apasionaban.

La primera película que dirige Miyazaki con Ghibli fue El Castillo en el Cielo (1986), donde los temas de su infancia como la aviación, las guerras, el pacifismo y la exaltación de la belleza de la naturaleza (típica del anime japonés de cualquier época), están presentes.

Su siguiente proyecto, Mi Vecino Totoro (1988), es uno de los más personales: una madre con tuberculosis, un ambiente japonés rural de la posguerra y sobre todo niños que descubren la magia a través de la naturaleza. La película es un clásico, y su personaje principal, un ser mágico llamado Totoro, se convirtió en emblema de Ghibli y uno de los personajes más amados de la historia del anime.

Las demás películas de Miyazaki de los 80 y los 90 con Ghibli serían similares: Kiki: entregas a domicilio (1989), Porco Rosso (1992) o la Princesa Mononoke (1997), tratan todas de la naturaleza, la magia, seres amigables y mágicos, normalmente al servicio de la infancia.

En 2002 Miyazaki creó la película suya que haría historia: Sen to Chihiro no Kamikakushi, conocida en español como El viaje de Chihiro.

La película sigue la historia de una niña llamada Chihiro que en medio de un viaje de mudanza con sus padres, entra a un bosque con un portal a un reino donde habitan seres mágicos que, amigables en principio, plantean luego un sinfín de problemas y peligros para que la pequeña pueda rescatar a sus padres y volver a casa.

El viaje de Chihiro es relativamente sencilla en su argumentación, pero muy rica en contenido: sus referencias culturales a los monstruos y mitologías de la cultura japonesa, su historia romántica, su trama compleja y vertiginosa, sus referencias a la paz, la lealtad y a los valores humanos, la convirtieron en un clásico de la animación mundial de forma instantánea, otorgándole el Premio Óscar a Mejor Película Animada y el Oso de Oro en el Festival de Berlín, entre otros muchos reconocimientos.

Con Chihiro vino la aclamación a escala global para Miyazaki y Ghibli. Sus posteriores películas, como El castillo ambulante (2005), Ponyo en el acantilado (2009) o El viento se levanta (2013), obtuvieron todas nominaciones al Óscar, y son reconocidas en cada nuevo listado de lo mejor de la animación.

Luego de esa carrera prodigiosa, Miyazaki anunció su retiro en 2013, poco después de estrenar El viento se levanta. Fue una noticia que descorazonó a los fans, si bien de cierta manera el cineasta permaneció activo a través de sus colaboraciones con Ghibli.

En 2016, sin embargo, Miyazaki asomó la posibilidad de volver, con una película a la cual tiene años dando vueltas: una versión extendida del corto Boro, la oruga, según se ha especulado.

El 25 de febrero de 2017, Toshio Suzuki, productor de Ghibli y de la nominada al Óscar The Red Turtle (2016), anunció que Miyazaki ha abandonado su retiro y se ha embarcado en la realización de un nuevo filme.

En tanto más noticias surjan al respecto -las esperamos-, Miyazaki ya se ha convertido en un clásico viviente: un realizador cuya capacidad para verter su sensibilidad y la de su país en dibujos de preciosa calidad, lo han convertido en un defensor de la paz, la naturaleza y lo mejor de la condición humana.

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